El Panamonte Inn & Spa: Una segunda casa para aventureros, exploradores y amantes de la naturaleza desde 1914.

Mucho antes de que Boquete se fundara oficialmente en 1911, los indios Doraz llegaron a este fértil valle de tierras altas, seguidos de los conquistadores españoles y luego de los mineros de oro de 1849, quienes se detuvieron aquí en su camino al atajo istmeño hacia el norte de California en busca de oro. Durante los últimos años del siglo 19 y principios del siglo 20, la espectacular belleza, los fértiles suelos volcánicos y el clima templado del valle de Boquete atrajeron a colonizadores europeos y norteamericanos, así como de otras partes de Panamá. Su arduo trabajo y profundo afecto por el área permitieron que Boquete se convirtiera en un próspero centro agrícola. Muchas personas hablan de Boquete como el “granero de Panamá.”
Joseph Wright, un arrojado tejano y conductor de tren jubilado, abrió el hotel Boquete en 1914 con apenas cinco habitaciones. En esos días, el “Hotel de Papa Wright”, como se conocía, recibía a cansados viajeros que llegaban a Boquete en tren, en carreta o a pie desde David, ya que no había carretera. Wright los atraía al hotel con la oferta de un frío coctel de cortesía elaborado con guayaba y ron. Durante las décadas siguientes, el pequeño bed and breakfast boqueteño recibió a un número de huéspedes notables, incluyendo Teddy Roosevelt y Charles Lindbergh, quien se detuvo allí durante un vuelo por Centroamérica. El gran explorador Richard Byrd se hospedó en el Panamonte para terminar de escribir sus recuerdos sobre sus expediciones en la Antártida.
En 1946, Hans y Vera Elliot compraron el pequeño hotel en Boquete y lo expandieron para incluir 10 habitaciones y un comedor formal. Originalmente, Hans había llegado a Panamá desde Suecia en 1924 como capitán de un navío mercantil sueco. Más tarde trajo a su esposa Vera desde Suecia hasta la ciudad de Panamá, donde estableció una exitosa empresa de carga naviera. En una visita a Boquete para solicitar cargamento a los ganaderos, agricultores y fabricantes de ron, Hans se enamoró del Valle de Boquete. Él y Vera compraron la Hacienda La Esmeralda y las Aguas Termales de Caldera y mudaron a su familia para acá.
Vera Elliot era una anfitriona culta y excepcional. Su buen gusto, atención a los detalles y respeto por la perfección y el protocolo ganaron para el nuevo Panamonte Inn una reputación muy preciada en todo Panamá. También proporcionó los cimientos para la tradición de hospitalidad practicada por el Panamonte hasta el día de hoy. Vera colgó óleos realizados por artistas latinoamericanos, hizo sembrar los jardines con árboles frutales y coloridos flores, y sacó brillo a los cubiertos hasta que relucieran.
Durante las últimas décadas del siglo 20, el Panamonte fue considerado el hotel boqueteño de preferencia para diplomáticos, VIPs y la élite política y comercial de Panamá, quienes vinieron a Boquete para escaparse del calor húmedo de David y la ciudad capital. El Shah de Irán visitó el Panamonte durante su búsqueda de un hogar en el exilio. La renombrada y algo recluida actriz sueca, Ingrid Bergman, disfrutó tanto su estadía en el Panamonte que volvió una segunda vez. Richard Nixon almorzó aquí. Sean Connery también lo visitó, y uno no puede dejar de preguntarse: Habrá pedido un martini seco, “sacudido y no revuelto,” en el Fireside Lounge?
Muchos viajeros, políticos y mercantes internacionales que estaban de visita en Panamá o transitaban por el Canal hicieron hincapié en visitar el cada vez más famoso hotel de Boquete. Vera colgó un letrero sobre la puerta principal, representando a dos cachetudos querubines que soplaban viento alisios como símbolo del papel del Panamonte como anfitrión y punto de encuentro para visitantes de todas partes del mundo.
Durante los últimos 20 años, el Panamonte ha recibido a una nueva clase de visitante: ecoturistas y avistadores de aves que vienen a envolverse en la exuberancia de los bosques húmedos y observar la fauna silvestre y los centenares de aves que viven en o migran a través de Boquete, incluyendo el resplandeciente Quetzal. El Panamonte fue pionero en el mercado del ecoturismo en Boquete, y el primero en crear giras de aventura y actividades alrededor del área. Para proporcionar a sus huéspedes un máximo de relajamiento y un antídoto para músculos adoloridos, el Panamonte abrió el primer spa de servicio completo, con un personal internacional altamente capacitado.
De acuerdo con la tradición de atención y servicio personalizado asociada con un hotel de propiedad y operación familiar, la dueña actual del Panamonte es la hija de los Elliot, Inga Collins. Doña Inga, como la conocen con respeto y afecto, mantiene la tradición de fina hospitalidad establecida por su madre, Vera. Doña Inga está presente a menudo para entretener a sus huéspedes con anécdotas sobre el pasado del Panamonte, y para sugerir actividades y opciones de paseos en el área. Charlie Collins, hijo y socio de Doña Inga, es un galardonado chef cuyo enfoque es crear una experiencia culinaria memorable para los huéspedes.
Con el genuino espíritu pionero que define el Panamonte Inn & Spa, la familia Collins está siempre buscando nuevas formas de asegurar que sus huéspedes estén relajados y pasándolo bien. Llevan a cabo Festivales Internacionales de Alta Cocina y Vinos, eventos culturales especiales, banquetes para días festivos y giras especiales, en un ambiente lujoso, confortable y acogedor que imparte la sensación de un hogar lejos del hogar. Lograr todo esto no es nada fácil, ¡pero este destacado hotel boqueteño tiene casi 100 años de estar perfeccionando el arte de la hospitalidad!
